Los sospechosos de siempre

Hace un tiempo, todos los encargados de edificio se volvían sospechosos. Que estén en la puerta del inmueble sosteniendo una escoba, conversando con el diariero o alimentándose un poco del smog, todas esas actitudes eran sospechosas. Ese tipo estaba controlando tus movimientos, sabía todo acerca de tu vida, a qué hora te ibas, a qué hora volvías, si estabas sola o si esa noche alguien se quedaba con vos.

Más o menos para la misma época, los medios de comunicación inundaban sus tapas y sus flashes de noticias con recomendaciones dirigidas a las chicas jóvenes. Había que vestirse de largo, con ropa holgada, mirar para todos lados si ibas sola, caminar acompañada, no salir de noche, no hablar con extraños…

Tiempo después, ese magma de mensajes que los mass media, en una cruzada solidaria y feminista, brindaba a su público ávido de saber cómo protegerse frente a la indefensión que le genera el contacto con el otro, resurgió como el ave Fénix.

Ahora el sospechoso es el taxista. Cualquier taxista que frene cerca de una chica joven es un desviado que sólo quiere satisfacer sus necesidades sexuales perversas. Y las chicas, frente a eso, deben cuidarse utilizando sólo un auricular y retomar las recomendaciones sobre vestimenta holgada y larga, sobre horarios, entre otras.

Un encargado de edificio habría matado a una joven. Un taxista habría abusado de otra chica. El potencial, obligado, no le quita responsabilidad a ninguno de los dos si es que se comprueba que cometieron dichos delitos. Sin embargo, hay cuestiones que los medios de comunicación “olvidan”.

Una de ellas tiene que ver con que individualizando al victimario se pierde de vista lo estructural, lo sistémico. El problema, según esa construcción de las noticias, es de un taxista o a lo sumo de todos los taxistas. El desviado es ese encargado de edificio, o en su defecto, el gremio completo. Otra es que las chicas, especialmente las jóvenes, deben tomar recaudos, lo que implica que si les sucede algo en parte, en gran parte, se debe a que no se cuidaron lo suficiente- no es que lo hayan provocado, jamás un medio diría eso.

Una especie de sospecha hacia el otro se ha construido desde el discurso que construyen los medios masivos de comunicación. No es novedad pero siempre algún “caso” rejuvenece el tema. El otro, un individuo peligroso.

No obstante estos relatos sobre el femicidio presuntamente cometido por un varón que se desempeñaba como encargado de edificio o el abuso sexual que habría efectuado un taxista hace pocos días atrás, tienen una arista diferente al tratarse de dos casos de violencia machista. Eso implica que lo sucedido debería ser leído en clave de relaciones de explotación y dominación en el marco de un sistema patriarcal. Se trata de leer no sólo un caso u otro, sino la misma construcción de los medios desde esa lógica que invisibiliza la trama de una cultura en la que existen prejuicios de género y de clase que reproducen las desigualdades. Se trata de hacer visible o de problematizar una temática que no puede reducirse a dos personas porque es más que eso, es un problema social, es político, es cultural y de derechos humanos.

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About Andrea Gutierrez

Pienso, reflexiono, escribo- me indigno, también- con perspectiva de género. Creo profundamente que lo personal es político.
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