Contra lo aprehendido: Ni una menos

En el viaje sentí el machismo tan cotidiano, tan visible, tan socialmente aceptado, tan tan… Me dije: en Argentina tenemos una legislación progre, salimos a la calle al grito de Ni una menos, reclamamos justicia, estamos movilizadas. Y en esa comparación me sentí privilegiada.

Estaba de vacaciones, no tan allá porque- WiFi mediante- es más difícil no ceder a la tentación de conectarse. Entre esas actualizaciones que te aparecen en las redes sociales, el privilegio se fue al tacho con una foto. Buscaban a Micaela. Claro, siempre es una chica y aunque tenemos esperanzas al principio, también sospechamos que el final no va a ser el mejor. Dicho y hecho: cachetazo de la realidad, uno cada 18 horas en Argentina.

Y ahí recordé que somos las feminazis para muchxs, que otras veces también somos las que le decimos “puta” a quien no se ajusta lo suficiente a nuestra educación puritana, que la pollerita, que la hora a la que salís sola, que cuando decís no en general querés decir otra cosa, y que en última instancia lo que te toca te lo merecés por H o por B.

Las estupideces que hay que escuchar/leer ya no sé si me indignan o asustan porque son la prueba de que la batalla es durísima: no sólo hay que sumarlos a ellos sino que nosotras nos peleamos todos los días con el feminismo y justificamos la desigualdad en esa cotidianeidad hecha cuerpo. Ni que hablar de ellxs.

Afortunadamente cada vez somos más lxs que intentamos pelear contra la corriente y si valoramos muchos avances, también sabemos que falta un montón. Hoy, cuerpo y mente, peleando contra lo que aprehendieron, van a estar otra vez en la calle. Por Micaela y por todas.

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31º Encuentro Nacional de Mujeres – Rosario 2016

Encontrarnos es aprender de la experiencia de ellas, de nosotras. Todas tenemos algo para contar, todas tenemos motivos para acompañarnos.

Encontrarnos es vernos, verlas. Nos vemos en cada una, nos diferenciamos pero un punto o muchos no hacen sentirnos parte.

Encontrarnos es pensar dónde estamos, cómo estamos y cómo queremos estar.

Encontrarnos es pelear contra un sistema que nos oprime, que las oprime. Ese sistema no es un abstracto, el día a día nos enfrenta a la opresión una, dos, tres veces o las veinticuatro horas.

Encontrarnos es debatir. No estamos de acuerdo en todo y es así, no tiene por qué ser de otra manera. Damos lugar al debate y no nos vamos a convencer unas a otras. Ese no es el sentido del encuentro.

Encontrarnos es sentir que en la lucha no estás sola.

Somos un colectivo de mujeres pero no somos iguales y el encuentro nos convoca allí en la diversidad de posiciones. Hay ellas, hay otras, hay nosotras.

Hay sueños, hay militancia, hay experiencias diversas y hay política, claro.

En el encuentro Nº31 no nos vamos a quedar con la represión policial, porque la represión la sentimos tantas otras veces manifestada en diferentes formas: no dejarnos ser, imponernos cómo debemos comportarnos, cuál es el modelo que debemos seguir, intervenciones sobre nuestro cuerpo que coartan la autonomía y la libertad. Tampoco vamos a dejar de repudiarla.

En Rosario seguimos discutiendo si el trabajo sexual es trabajo, qué hacemos con los sindicatos, cómo nos atraviesa el poder, qué hacemos contra las redes de trata, cómo peleamos contra el acoso laboral y sexual, cómo reglamentamos la ley de violencia para que sea efectiva…

Aborto legal

En Rosario levantamos otra vez la bandera: educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal, seguro y gratuito para no morir.

Vivas nos queremos.

Ni una menos

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No estábamos todas. NI UNA MENOS

No estábamos todas. Una vez más tuvimos que salir a exigir por nuestra libertad, por nuestra vida y la de esas otras a las que acallaron, esas otras que son nosotras.

Por sus hijxs, por los tuyxs y por lxs míos si algún día lo decido, porque la decisión es mía.

Porque usemos minifaldas, salgamos a bailar, caminemos por la calle sin miedo. Porque podamos decir que no y nos respeten, porque podamos decir que sí y no nos juzguen.

Porque no nos pregunten en una entrevista en cuánto tiempo pensamos tener hijxs, porque no nos ofrezcan salarios más bajos sólo por ser mujeres. Porque el cuidado sea una responsabilidad compartida.

Por las que todavía no se animan, por las que se animaron y lo lograron, por las que no lo consiguieron.
Por ellas, por nosotras, por un mundo habitable gritamos: ¡Vivas nos queremos! ¡Ni una menos!

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8 de marzo: Las otras no son otras

Escribir en primera persona no es, quizás, el modo más correcto de narrar una historia, de construir algo con eso que sucede o, mejor dicho, con eso que nos pasa. Periodísticamente no lo es, en este espacio lo dejo de lado casi siempre. La noticia no es mi fin.

Hace tiempo que la temática de género me hace ruido, mucho tiempo, y hace muchísimo menos que decidí empezar a pensarlo si se quiere de modo un poco más académico. La violencia en cualquiera de esas etapas “analíticas”, es una interpelación constante y por diversos motivos.

De un tiempo a esta parte, la teoría me ha permitido correr un poco ese foco tan personal para ponerle algunas palabras más ¿científicas?, unas palabras o un marco o… Lo personal es imposible de correr y en última instancia, y menos acá, no debería correrlo, no es necesario. Si algo aprendí de algunas académicas cercanas es que lo personal no tiene que estar, debe estar, incluso en otros tipos de escritura, al menos explicitado. Algo hay que hacer con eso, ¿no? Sexing Elvis fue una lectura muy iluminadora en ese sentido y un gran lema que no es de Wise sino de Millet pero que considero tan actual, siempre.

Se acerca el 8 de marzo y en estas circunstancias algo tengo que decir. ¿Por qué? Porque debo y porque quiero. No es una fecha que me conmueva en sí porque ha devenido en una efeméride más. Las flores, bombones y ese tipo de “reconocimientos” están lejos de ser el espíritu por el que me invito a pensar.

Ese día no se festeja, el 8 de marzo de conmemora. Y no es una diferencia accesoria, sino sustancial. No se ha luchado tanto en vano, es cierto, pero la lucha no se termina y- pesimismo mediante- no se terminará. Quizás, o más bien seguramente, debamos celebrar logros pero en la vida cotidiana significan para muchas mujeres, muy poco. No es necesario- ¿o sí?- aclarar qué sucede cuando a una mujer la maltratan en su casa, cuando la clase hace pocas diferencias porque al fin y al cabo ocultar esa violencia, sentirse culpable, naturalizarlo y llegar pocas veces a un reconocimiento de esa situación no es el diferencial entre la aristocracia y la clase media, ni que hablar de los sectores populares. Diferencias hay, sí, pero creo que son otras.

No falta la agente de la policía que te sigue preguntando “qué hiciste” cuando ¡por fin llegás hasta ahí! ¿Sabe lo que te costó dar ese paso? ¿Tiene idea de lo mal que la pasaste antes de reconocer que algo en eso que te pasaba no estaba bien, darte cuenta que no tenés culpa alguna, que no debés sentir vergüenza? No falta la amiga que te pide que lo entiendas, que te dice que por algún motivo está nervioso, que te dice que serás la responsable de “romper” una familia que hace rato no existe cuando ¡decidiste contárselo a alguien! Y los medios de comunicación, otro tema.

Y eso en los términos más “reconocidos” por decirlo de algún modo, cuando la violencia deja efectivamente marcas de las visibles. Pero tampoco falta quien te dice “qué linda que estás” cuando vas caminando por la calle y esa escena se repite durante cuadras, no siempre con las mismas palabras, poniéndote incómoda, con ganas de contestar, de gritarles, de decirles que no les preguntaste, que no te interesa su opinión, que no estás ahí para que dispongan de vos. ¿Y contestarle? Sí, claro, muchas veces lo hicimos y los resultados pueden variar: te enfrentan, te tratan de loca o, con toda la suerte del mundo, se callan que es lo que deberían haber hecho desde un principio.

El problema es tan complejo que las palabras nunca alcanzan. Los hechos nos siguen diciendo “che, acá hay mucho por hacer, con el voto no alcanza, ni con el cupo, ni con la mismísima ley”. Ojo, que no alcance no quiere decir que no hayan sido pasos importantes, pero en serio, a la mujer que está en su casa pasándola mal, el cupo tanto no le importa. Aún con mucho camino recorrido por feministas, por organizaciones y por otros sectores de la sociedad, el tramo que sigue es largo, muy largo. En el medio, dos chicas son asesinadas y nos preguntamos por qué fueron solas, ¿qué se yo? Eran dos, ¿lo de solas a qué se refiere? Y además, ¿importa? No van a faltar cabezas asintiendo. Ese sí que es un gran problema. No solo el femicidio que una vez consumado es irreversible, esas cabezas que aseguran que existe algo sustancial en ese “ir solas”, que hay algo que marca la diferencia entre el short y el pantalón, son mucho más que posibles excusas para usar de atenuantes en una causa judicial. Son enormes dificultades insoslayables al momento de pensar en esa complejidad que va más allá, o más acá, de la violencia física. Ser mujer es hoy también ser culpable de lo que sea que te puede pasar. Estarás en duda, sospechada, minimizada o revictimizada y no siempre te van a dejar defenderte, a veces de hecho no podrás hacerlo porque te lo prohibieron de cualquier modo o porque simplemente no podés. Y con esto no quiero decir que no sea posible, que la lucha esté perdida o que siempre seremos indefectiblemente víctimas. Eso sería reconocer una inferioridad supuestamente biológica que no es tal sino construida socialmente. No, de ninguna manera pienso que hay algo de inevitable o de natural. Empoderarse es una opción y muchas lo han- ¿o me incluyo?- logrado. Sólo digo que no alcanzó, sólo creo que tantas otras no pudieron y no pueden y me pregunto qué hacer, cómo. Entro en una contradicción constante.

Este es un 8 de marzo pesimista para mí aunque en el panorama que cuento, que veo, que me dicen, asumo que he sido bastante privilegiada. Pero las otras no son otras y no puedo evitar sentir la impotencia que siento.

 

 

 

 

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ASDRA, un gigante a pulmón (archivo recuperado)

Recupero este texto, aunque no tiene que ver con género, que escribí en 2014 para la página de ASDRA. A fin de 2014 dejé de concurrir a la oficina porque ya no disponía de tiempo para hacerlo pero mantuve el contacto para algunos eventos y aunque ya sea cada vez menor creo que es importante reconocer el trabajo que hacen y valorizarlo.


 

Llegué a ASDRA en enero porque respondí a un aviso en el que solicitaban voluntarios de Comunicación. Entré por menos de dos meses, ya voy siete.

¿Por qué? Porque es muy difícil no sentirse a gusto allí. ASDRA es un gigante en su tarea de contener a los papás y a las mamás de personas con síndrome de Down, en promover constantemente la inclusión en todo ámbito, principalmente en la escuela y el trabajo. Pero gigante es metafórico: el laburo es mucho, el esfuerzo que le ponen día a día es inmenso porque el equipo que está detrás, ese que la gente no ve, no tiene más de 10 personas.

Eso es algo que le comento siempre a Sole, mi “jefa”. Cuando voy a alguna reunión o capacitación en otros lugares y menciono que trabajo en ASDRA, creen que es una organización en la que laburan muchas personas, que tiene departamentos de legales, de marketing, de recursos humanos, de todo. ¡Genial! Es buenísimo que la Asociación sea tan reconocida y que aparente ser tan grande, ¿no? Quiere decir que el trabajo de todos los días tiene sus frutos. Hasta ahí.

En un punto sí es cierto que hay mucha gente trabajando para que la Asociación sea referente en discapacidad intelectual y específicamente en síndrome de Down, pero la mayoría lo hace voluntariamente. Para contar al equipo fijo y operativo que va todos los días a la oficina, que responde sus consultas, que lleva la contabilidad, que se comunica con empresas para pedir apoyo, que dirige las tareas, que comunica los valores de ASDRA, me alcanza con usar los dedos de las manos. Ellos son empleados y están de lunes a viernes. Además, detrás de ASDRA hay alrededor de 60 padres y madres que “ponen el hombro” en las diferentes actividades y jornadas, que coordinan los grupos de contención y toman las decisiones y más de 20 voluntarios/as que vamos algunos días, algunas horas….

ASDRA es gigante porque es la primera Asociación de padres de personas con síndrome de Down que se formó en nuestro país y porque hace 26 años que trabaja todos los días por la inclusión. Esos papás y esas mamás tienen sus empleos en otro lugar, pero formaron esta Asociación para promover el derecho de sus hijos/as y para contener a otros/as papás y mamás.

El trabajo que hacen es gigante, muy “a pulmón” porque están convencidos y convencidas de la tarea que llevan adelante. La escasez de recursos no les impide seguir porque los moviliza la convicción de crear una sociedad más justa e inclusiva, pero sería muy diferente- y además lo merecen- si todos/as les diéramos una mano. Y cuando digo todos/as, voy más allá de las personas que voluntariamente ayudan en alguna tarea, llamo a los sectores que deberían o podrían apoyar este trabajo.

Es un placer para mí ser voluntaria en una organización como ASDRA porque la calidad de las personas que trabajan ahí es excepcional. Más allá de la experiencia laboral, el grupo es muy lindo, el ambiente también y la lucha diaria por que las personas con síndrome de Down sean incluidas en todos los ámbitos es admirable. Espero dos cosas: que las autoridades competentes, las empresas, otras organizaciones y la sociedad en general se sumen y apoyen materialmente a ASDRA y que la inclusión deje de ser una lucha y se convierta en una realidad.

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No era una performance, era violencia.

Montevideo y Rivadavia, esquina del Gaumont. El dato del lugar no es tan importante como lo es el del día, 25 de noviembre. La escena desconcierta, en principio confunde: una chica con su remera violeta en alusión a la fecha y un pibe que la patotea. A pocos metros, la gente miraba confundida. ¿Era una performance? ¿querían medir la reacción del público?

El flaco la increpa, le pregunta: ¿qué haces acá y así vestida?, mientras la toma del brazo. No hace falta aclarar  cómo estaba vestida, ¿o sí? Quienes observaban la situación se veían confundidos/as, ¿se trataba de un actor y una actriz en medio de una escena que representaba un acto de violencia? No, era un pibe que creía que podía estar ahí violentando a la chica sin que nadie dijera nada. Un chico que estaba detrás reaccionó y le dijo: Flaco, pará un poco. Calmate. Y así, el pibe se fue, un poco porque las miradas lo acechaban, otro poco porque este joven lo increpó…

Evidentemente, ni un 25 de noviembre podemos evitar estas situaciones… Tenemos una difícil tarea por  delante pero cuanto más ardua más motivos nos da para seguir peleando por la vida de muchas que no pudieron defenderse, por la vida de muchas que no fueron defendidas y por la vida de otras que hoy están en peligro.

Por la vida de todas vamos a seguir.

 

 

 

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Un 25 más, ni una menos.

Hoy, 25 de noviembre de 2015, tenemos mucho para contar. Aunque nos duela, contamos 225 femicidios en 2014 y 233 femicidios desde enero hasta octubre de este año. Pero también contamos que hubo un 3 de junio que nos movilizó, que nos levantó de la silla, que dejamos de mirar por televisión y pusimos el cuerpo en muchas plazas y calles del país para exigir, para gritar: ¡Ni una menos!

A veces, con esas movilizaciones no alcanza. Y quizás el número que contamos de un año a otro puede ser leído en esos términos, creo que no. En este país sabemos que manifestarse en la calle, gritarle a otros/as qué es lo que queremos y qué es lo que no, no es lo mismo y nunca lo será frente a la opción de quedarse sentado/a mirando cómo pasa el tiempo. Sabemos que salir a pelear siempre ha sido nuestra mejor alternativa.

Este miércoles, una vez más, en honor a las hermanas Mirabal y a todas esas otras y otres a quienes silenciaron, salimos a pedir:

  • Implementación del Plan de Acción para la prevención, asistencia y erradicación de violencia contra las mujeres
  • Aborto legal, seguro y gratuito
  • Justicia por Diana Sacayán
  • Basta de femicidios, travesticidios y lesbo-trasfobia.

justicia

Y en la calle, codo a codo…

 


Si querés recibir información, asesoramiento, orientación y contención sobre violencia hacia las mujeres, podés comunicarte de manera gratuita al 144, línea que funciona las 24 horas los 365 días del año.

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